Silencio.
Absoluto.
Era tu abrazo el que me cobijaba.
Como cuando niña, y mi madre me envolvía, y decía, eres lo que más quiero en el mundo. Y sabía, entonces, que todo iba a ir bien.
La quería mucho, la sigo queriendo.
A ti también te quise, y también te quiero.
Anoché soñé que yo no era yo, ni tú eras tú.
Tú eras una criatura frágil e indefensa. Yo un halcón poderoso y grande.
Te apresé con mis garras, y sin ninguna contemplación, te devoré.
Desperté con la boca llena de sangre.